De Naranjas y uvas

Desde que era pequeño me dijeron  que en la vida solo había un amor, que algún día encontraría una bella mujer que me complementaría, mi madre decía que sería mi alma gemela, mi hermana hablaba de la media naranja y mi abuelo decía que un día encontraría el chocolate espeso donde remojar el churro (esto siempre  me hacía carcajearme hasta que la panza me dolía).

Nunca cuestioné estas palabras, aunque no comprendía completamente, no veía por qué dudar, si ellos lo decían seguro así debería ser. Mis padres siempre estaban juntos, nunca los escuché pelear, mis abuelos siempre juntos, aunque ellos siempre peleando, el abuelo decía que eso de pelear por tonterías, como por ejemplo quién estaba más sordo o más arrugado le daba sabor a la vejez, y mi hermana, bueno, ella siempre cambiaba de novio y argumentaba que era porque estaba en la búsqueda de su media naranja, algunas veces, con algunos, embonaba perfecto, pero eran agrios o desabridos y evidentemente no eran su otra mitad.

Observaba y escuchaba, aunque en realidad en aquel entonces lo único que me interesaba era que fueran las cinco de la tarde para ver Dragon Ball, me gustaba ver como Goku, el hombre más fuerte del universo era tan sencillo, amigo, humilde y tragón.

Así que crecí con la idea de que algún día, cuando fuera el momento, me esperaría un trabajo, una bonita mujer e hijos, quizá un coche y algún perrito ¿y cómo no? si hasta Goku se casó y su matrimonio fue duradero (aunque al principio accedió a casarse pensando que esa propuesta era una invitación a comer).

Cuando estaba por terminar la preparatoria todo cambió, mi padre estaba obsesionado con que estudiara abogacía como su abuelo, su padre, y él. Yo me negué rotundamente, quería ser actor, yo siempre fuí distraido, mucho, y me imaginaba en pleno juicio, abogando por quien no me pagó, o confundiendo nombres, en definitiva no era lo mío. Mi padre no me apoyó, y me retiró su apoyo económico, a excepción del techo y los servicios básicos. Decidí trabajar de mimo en un parque para pagar mis estudios en teatro, hasta entonces nunca me había interesado por ninguna chica, era muy antisocial y tímido (¿cómo iba a ser  abogado, carajo?).

Un día por accidente entré a un ensayo de la orquesta de la escuela, nadie me vió, todos estaban preparándose, así que me senté en una butaca a observar, nunca me imaginé lo que ocurriría a continuación, estaba yo ahí sentado y de pronto mi vista se fijó en una bella mujer de cabello negro, que empezó a tocar un violín, quedé extasiado cuando la vi, mi cuerpo vibraba, no podría imaginar algo más bello.

De pronto el clarinete invadió  la sala, y enseguida el trombón, y cuando todos se unieron fue un éxtasis, me parecía que en mi interior explotaban fuegos artificiales, todos mis sentidos estaban absolutamente extasiados, ni mi mejor chaqueta me habia hecho sentir tal placer, ¡El chico del clarinete era tan atractivo! por un momento me sorprendí de verlo con deseo, quería perderme en su mirada, sentir sus manos sobre mi cuerpo, ¿Qué me pasaba? Veía a la violinista y me causaba el mismo encanto, ése ha sido el momento mas extraño excitante, y confuso de mi vida.

Me animé después del ensayo a ir a felicitarlos, me vieron emocionado y me invitaron a comer a una fondita cerca de la escuela, fuimos. Luis, el chico del clarinete, Sandra, la chica del violín y Leticia, una chelista, y yo, ordenamos, y mientras nos servían, me preguntaban las cosas básicas para conocer a alguien: nombre, edad, qué estudiaba… me dijeron que era un pichón, ellos ya estaban culminando sus estudios, y ahí de pronto vi cómo Leticia y Sandra besaban a Luis. ¡Me sorprendió tanto! ellos se rieron de mí y me dijeron: “se te va a caer la baba”. Por supuesto, me apené, y en mí todo se revolvió porque sentía envidia de que tocaran a Luis, ¿Qué me pasaba?. Al ver mi cara sorprendida me comentaron que eran una trieja desde hace dos años, que eran afectos libres, que había tantas formas de amar como estrellas en el cielo, comimos, y ellos me hablaron de toda una gama de relaciones: el poliamor, el swinger, las relaciones a la medida, todo desconocido para mí, me asombraba pero me emocionaba a la vez.

Intercambiamos teléfonos, después de agradecerles y felicitarlos una vez más, me fui  rumbo a casa pensando en el amar con libertad, en cada paso sentía cómo me desarmaba y me volvía a armar, muchas cosas tomaban un nuevo sentido, quizá yo era bisexual, quizá yo no era la media naranja de nadie, quizá yo era una uva.

Ahora no busco mitades, encuentro seres completos, nos completamos en un racimo.

Kalinka

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