La “nueva masculinidad”

Reflexiones sobre la nueva masculinidad.

Reflexiones Filosóficas

He escrito sobre muchos temas, pero hasta ahora me había negado a abordar la discusión sobre nuevas masculinidades. Hoy, sin embargo, un par de eventos me han obligado a prestarle atención a este tema. Sé que solo soy una voz, pero tengo que decirlo y esperar a que esa voz les haga sentido, aunque sea a un solo hombre más y entonces seremos dos.

En una mañana típica levanto a mi niño y lo preparo para la escuela, tomamos el autobús en un viaje generalmente complicado dado que hay mucha gente, todos con prisa y estrés, por lo que me veo en la necesidad de cargarlo para protegerlo del caos, las ciudades no están pensadas para los niños (pero ese es otro tema), el viaje es cansado.

Al regresar de dejar a mi hijo, un muchacho venía en la misma situación que yo, un bebé de dos años, dos mochilas…

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No me toques los amores — Las Gafas Moradas

Otras voces, creo que siempre es saludable cuestionar todos los modelos relacionales mientras vamos encontrando dónde nos sentimos cómodos. Este cuestionamiento de
“Las Gafas Moradas” al poliamor está muy interesante, en especial el desarrollo sobre la “competencia”.

He asistido a una vehemente polémica porque en las redes sociales de grupos de poliamor se ha difundido la siguiente cita, de Brigitte Vasallo (activista lgtbi y feminista): “La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de […]

via No me toques los amores — Las Gafas Moradas

Agamia for dummies

Otras posibilidades de relacionarnos.

Las Gafas Moradas

Cuanto más menciono la agamia, más me preguntan sobre ella. Y es que esta manera de relacionarse busca terminar con las dinámicas insatisfactorias que se crean en torno al poliamor (sensación de tener que “entregarse sexualmente” para obtener cuidados en un mercado sociosexual brutal, de que no pasa de ser una transacción cutre vestida de glamour y apertura mental) y avanzar en el esbozo de la anarquía relacional (acertada al prescindir de la pareja, pero excesivamente timorata al no atreverse a erradicar la fascinación amorosa, además de que, aunque le resta poder a la pareja, no la pone en tela de juicio). Paradójicamente, a mí me resulta más sencilla la práctica que explicar la teoría; porque al no conformarte con las relaciones tradicionales, naturalmente llegas a ella.

Dentro del seno de agamia, en los fuegos del Monte del Destino, se han redactado ocho propuestas relacionales para resumir sus ideales:

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Jerarquía o prioridad

Las relaciones jerárquicas son un tema de mucha discusión, generalmente me encuentro personas que me dicen que la jerarquía es lo mismo que la priorización, por eso me pareció importante abordar este tema en el blog ya que considero que jerarquía y prioridad no son lo mismo.

Para los que empiezan a entender un poco de las posibilidades del poliamor, decimos que una relación jerárquica es aquella donde hay un vínculo principal o primario, y otros vínculos considerados no-principales o secundarios. ¿Cuál es el criterio para clasificar a la relación primaria o secundaria? Justo esa pregunta es el punto central de la discusión, pero tenemos que ponernos de acuerdo en lo que significa prioridad y lo que significa jerarquía.

Muchos deben remontar su memoria a los primeros años que nos pedía clasificar, ordenar y usaban indiscriminadamente las palabras priorizar y jerarquizar, incluso te viene a la mente un orden numérico: primario después secundario, ¿lo ves? Pero etimológicamente son dos cosas distintas.

Jerarquía, si es una palabra que comparte su raíz con jerarca, está compuesta de “hieros” que es divino y “arkhei” que es orden o gobierno. En efecto una palabra que se pensaba usar cuando nos referíamos a ordenar pero con un criterio, un criterio de divinidad, o de importancia, o de relevancia. En especial nos remonta a las estructuras jerárquicas de la monarquía, de la religión, y de cualquier otra organización con cierto nivel de poder. Priorizar por otro lado viene de “prior” que significa “anterior” y simplemente se refiere a ordenar.

Para muchos, el criterio de jerarquización no es problema, puede ser el tiempo de la relación, o los proyectos en común como cohabitar o compartir finanzas, la crianza, todas estas actividades pueden darte una sensación real de importancia entre las otras relaciones, pero es real o ético que una relación sea más importante que otra, o piénsalo así, ¿Hay personas más importantes que otras?

En el libro “More than two” de Franklin Veux y Eve Rickert pensé encontrar el origen de la confusión entre jerarquía y prioridad, pero para mi sorpresa no fue así, este es uno de los primeros libros enfocados a relaciones no-monógamas y ya planteaban que una relación jerárquica tiene una estructura de poder, se goza de poder de veto y se tiene subordinación. Se cuestionan en el libro incluso la ética de un modelo de poder. Entonces creo que puedo decir que si hablamos de jerarquía podemos ser transparentes y aceptar que estamos manejando un criterio de importancia o poder.

Yo no me siento cómodo con clasificar personas y su importancia, dado que a esta pregunta siempre respondo que todos son importantes en mi vida, de una manera tan particular que no puedo tener un criterio, pero en mi vida si hay un proceso de priorización constante e incluso intuitivo. Cada día voy haciendo tareas en un orden de priorización mental, desde que destino tiempo a trabajar, tiempo al descanso, tiempo para mí, tiempo para mis hijos y por supuesto tiempo para mis relaciones afectivas.

El orden es teórico y el motivador solo es mi voluntad, por ejemplo mis ganas de ver a alguien. Voy haciendo rendir cada hora de mi vida en búsqueda de un equilibrio entre mi voluntad, la realidad y las necesidades de mis afectos, hay días incluso que me veo forzado a cambiar la prioridad, una urgencia laboral, una enfermedad, un evento externo, pueden cambiar toda la logística y forzarme a repriorizar pero en ninguno de esos casos estoy pensando en un criterio de importancia de las personas.

Tener una relación jerárquica no es intrínsecamente malo, un modelo de valores puede hacer esta estructura ética, también puede ser una fase típica de las relaciones que se abren y se ven en la incertidumbre, la inseguridad de perder sus garantías, eso es entendible, pero parafraseando a Franklin Veux, si la inseguridad te obliga a construir jerarquías y reglas para no perder a tu pareja, ¿Cuál es tu verdadero nivel de confianza en esta persona? ¿o en ti?

Priorizar tampoco está exento de necesitar un marco de valores, como decía hay un equilibrio muy frágil entre el tiempo disponible, el número de parejas y los compromisos, los ejemplos de priorizar mal saltan a la vista cuando empiezas a descuidar el tiempo contigo o cuando hay tensión con tus afectos respecto a sus necesidades.

Pensemos de manera práctica, una de tus parejas con la que cohabitas ha enfermado repentinamente y necesita cuidados, puedes cuidarlo porque es la persona más importante según las jerarquías que acordaron, es la principal, o tienen un acuerdo explícito que si se enferma tú debes atenderlo. O puedes priorizar ayudarlo en su cuidado, modificar tu agenda para tener tiempo disponible y asegurarte de su salud porque a ti te importa, sin necesidad de un acuerdo, desde tu libertad de elegir, decides cuidarlo; entonces negocias este tiempo y ya después compensaras con las actividades que dejas de hacer. El resultado posiblemente es el mismo, pero la manera en que decidiste fue totalmente diferente.

Incluso priorizar te regresa al tema de la responsabilidad, te pone del lado de la decisión constante, y salvo las cosas que están fuera de nuestro control, nos quita el pretexto de que operamos bajo una regla para ponernos del lado de los hechos, si alguien es importante para ti, los hechos lo demostrarán y no los acuerdos, lo que me parece divino. Para los hedonistas esto es parte del “régimen de placer”, ver a nuestros seres queridos produce placer y vale la pena procurarlo.

Un tema muy interesante que vale la pena discutir en otra ocasión.  ¿Tú priorizas o creas jerarquías?

@isaidvblog

Twitter @isaidva

No era poliamor sólo soy un hedonista

magia nera magritt

En los últimos meses he estado buscando algunas respuestas, motivado principalmente por mis decepciones con la manera en que experimenté las vivencias del poliamor. Eso me inclinó a considerar que esta teoría del poliamor posiblemente es otra utopía más.

Un hedonista, sin pretender ser un experto en el tema, es alguien que busca el placer y que rechaza el sufrimiento (no necesariamente el dolor). Cuando hablamos de poliamor no niego que la experiencia nos abre la posibilidad a múltiples fuentes de placer, y placer en todos los sentidos. Conocer a una nueva persona y vincularte con ella en cualquier dimensión es placentero, más placentero cuando es de manera abierta y en consenso con otras personas vinculadas a ti. Incluso, ese acuerdo de honestidad parece el boleto para cortar todo el sufrimiento de hacerlo clandestinamente. Es la forma de vivir más placer en un espacio ético.

Pero, cualquiera que haya experimentado en el campo me acompañará en la siguiente conclusión: es más complicado que eso y en varias ocasiones viene lleno de drama y de sufrimiento. Pueden ser los celos, los conflictos o la tensión en torno a los acuerdos, las reglas y un largo etc. Los viejos lobos de mar del poliamor lo aceptan, consideran el sufrimiento como parte del modelo y lo enfrentan dignamente… Pero a mí no me hace sentido sufrir todo este drama en mis relaciones de naturaleza breve (breves porque así lo son cuando son varias). Es más, la vida también es de naturaleza breve ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a sufrir en una relación de escasas cuatro horas a la semana?

Regreso a mi punto, soy un hedonista, evito el sufrimiento (displacer) y no creo que haya nada malo en eso. Hay que acotar esta declaración que para algunos sonará petulante. En la actualidad ser hedonista padece del prejuicio de los excesos en el placer y realmente no es así. El hedonismo propone que no se puede tener un placer que genere sufrimientos en otros o en uno mismo, de ahí se desprende toda una ética hedonista; una ética distinta comparada con las que surgen del “amor al prójimo”.

¿Cuál es la formula para las múltiples relaciones sin sufrimiento?

Creo que uno de los problemas está en relacionarnos de manera tradicional, con varias personas al mismo tiempo, pero de la misma manera que en una relación monógama típica: relaciones pesadas, llenas de amor romántico, de expectativas no habladas, de mala comunicación, de promesas imposibles, todo ello segmentado en pequeños lotes de escasas horas que van haciendo la película discontinua, frustrante, marcada por la incomunicación. A mí me pasó que ni siquiera entiendes lo mismo del poliamor aunque uses las mismas fuentes teóricas. Me pasó que me dio pereza discutir las expectativas pensando cada posible escenario. Y, de repente, algo que no platicamos salió muy mal. Tal como se resuelve en el amor tradicional, o llenas mis expectativas o nada. Es la bandera del amor fusional, o te fusionas o nada. ¿Cómo podemos construir una nueva manera de relacionarnos con un viejo modelo de amar? Entonces el problema no es el poliamor, es cómo lo queremos vivir.

En el camino me encontré con el concepto del “eros liviano” del filósofo Michel Onfray, un concepto muy interesante de un hedonista y que parece proponer una visión razonable ante la complejidad de las relaciones múltiples. Lo explico brevemente: el eros liviano considera que dos adultos civilizados van a construir un contrato basado en el placer, un acuerdo basado en el aquí y ahora. Un contrato que tiende a ser simple en su inicio, pues no es ”todo o nada”, es un “nada + más + mucho” (en sus propias palabras) y que su evolución determinará su complejidad. El contrato se asume sin obligación y la fidelidad es al compromiso realizado. En ese contrato no está invitado el amor romántico (*), pero no por no ser de largo plazo deja de estar lleno de sentimientos y de poesía. Finalmente, el contrato debe contener una ética, que de principio sería una ética hedonista (la cual podemos explorar después) pero en definitiva no es un consumo de cuerpos. Es algo bonito, rico, gozoso, cariñoso, cachondo, intelectual, sexual o asexual si lo deseas, pero no es “hasta que la muerte los separe” y menos un “tú me perteneces”.

Dice Michel Onfray :“La construcción de situaciones eróticas livianas define el grado de un arte de amar”, y yo coincido, es un arte. Relaciones cuyo primer acuerdo es vivirlas en el presente, en instantes, enfocadas al placer, abiertas a los sentimientos afectivos y a las apetencias internas, a proyectos conjuntos, que su principio es distanciarse del sufrimiento de la manera más practica posible. Es entonces una relación nómada, viva y en constante cambio, que se arma lentamente. Pero no necesariamente es casual porque los instantes se encadenan para darle una complejidad propia. De ahí supongo que puedes decidir que el placer pueda darse con una o varias personas, o ninguna; el balance placer-displacer determinará la duración de esa relación. Por eso creo que una visión hedonista es mucho mas integradora de modalidades afectivas diversas que incluyen al poliamor como una de tantas posibilidades.

Me quedo con muchas preguntas, más que respuestas. ¿Cómo es en la práctica una relación erótica liviana? ¿Amar livianamente es ético? ¿Estamos hablando de libertinaje? ¿A qué nos referimos con situaciones eróticas? ¿Cuál es el amor romántico que no coincide con el poliamor? ¿Qué es una ética hedonista?

Y sí, perdóname por invitarte a leerme sin resolverte nada, pero podemos seguir experimentando. Te prometo seguir vomitando en el blog lo que pienso al respecto.

@isaidvblog

Referencias:

(*) Amor romántico: El amor romántico y “su unión inextricable de monogamia, exclusividad, celos y fidelidad” como un modelo irrealizable, inventado en Occidente. Margaret Mead, “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (1928)”

La teoría sobre hedonismo viene de la influencia de esta pieza profunda y amigable que nos compartió la Bruja Filósofa (https://www.youtube.com/watch?v=JOXEy-MeED0&t=11s)

Onfray, M. (2010 ) La fuerza de existir: Manifiesto hedonista.

El arte de amar cuando el amor es líquido.

Experimento Relacional.

Leal o fiel.

El experimento del “Aquí y el ahora”.

Imagen Magia Nera de Magritte