¿Sabes qué son los prejuicios positivos?

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Su existencia suena contradictoria puesto que, en principio, cualquier juicio anticipado está desapegado de la experiencia, y por lo tanto, difícilmente se le consideraría “positivo”. Sin embargo, en este contexto el término no se relaciona con la idea de que sea “benéfico” o “sano”. ¡Veamos!

¿Qué es un prejuicio?

Los prejuicios son ideas preconcebidas o creencias no confirmadas acerca de un grupo social y sus miembros. En otras palabras, es una categorización automática para ubicar a las personas dentro de tipologías preconcebidas.

El problema es que esas creencias parten del pensamiento y no de la experiencia. Son juicios que se anticipan al conocimiento real del otro (u otra). Una vez que hemos etiquetado o encasillado a las personas con base en estas conceptualizaciones no contrastadas con la realidad, nos dirigiremos a ellas con una carga específica de ideas, sentimientos y emociones.

Prejuicios negativos y positivos

Los prejuicios negativos otorgan calificativos peyorativos a ciertos grupos sociales y disparan la exclusión y la discriminación. La creencia generalizada de que lxs latinxs somos flojxs; lxs nórdicxs, fríxs; lxs artistas, desestructuradxs; lxs contadores, obsesivxs; y lxs franceses sucixs; por ejemplo, son prejuicios negativos basados en estereotipos.

Por otro lado, los prejuicios positivos asignan a un grupo social características socialmente aceptadas o deseadas, pero que no dejan de estar alejadas de la experiencia real y particular, de ahí que sean igual de nocivas. Pensar que lxs europexs son más civilizadxs; lxs japonesxs, respetuosxs; lxs latinxs, bailadorxs; los hombres, fuertes; todos ellos son prejuicios positivos que idealizan fijando expectativas irreales.

Los prejuicios y su toxicidad

Cualquier tipo de prejuicios, positivos o negativos, son causa de desigualdades y conductas discriminatorias. Los prejuicios encasillan y etiquetan a partir de ciertas creencias preconcebidas que no parten de la experiencia, limitando el conocimiento real acerca de quien está frente a nosotros, como individuo único.

Una mentalidad abierta y la disposición a dejarnos sorprender por la persona que tenemos enfrente es la única posibilidad de conocerla y vincularnos con su esencia a través de la experiencia… (lindo verso sin esfuerzo).

(Gracias a Esteban Rivera por la inspiración.)

Tatiana Yedid

Febrero, 2018

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Suspiro poético. Catálogo de besos

…Primero llegaron los inofensivos, los superficiales, los iniciáticos; esos besos de explorador tembloroso. Siguieron los besos robados, los dulces y tiernos; besos pueriles, a escondidas, apresurados.

Tiempo después, la cercanía se hizo líquida y los besos largos y revueltos. Nos volvimos expertos el uno del otro, en bocas y sabores. Maestros de jadeos y calores. Eran besos que quemaban el tiempo y agotaban la paciencia. Besos con dientes, caníbales hambrientos.

Entonces aparecieron los lujuriosos que calientan el rostro, besos que movilizan las manos y empujan la carne. Besos viajeros del cuerpo.

Aquellos días nos bebíamos hasta que el ardor del cuerpo se pintaba en torno a nuestros labios.

Así completamos el catálogo de besos…

 

Tatiana Yedid

Octubre, 2017

 

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¡Ve por lo que quieres! El principio de la autodeterminación

¿Cuántas veces te has quedado sin conocer a alguien por no acercarte? ¿Cuántas veces las cosas no han salido como esperabas por no actuar? ¿Cuántas veces te quedas con las ganas por no comunicarlas claramente?

Puedes sentarte a ver si las oportunidades te llegan, a esperar que otrx “deduzca” lo que necesitas, a ver si aquella persona voltea… ¡pero también puedes propiciarlo tú mismx!

Tomando la iniciativa

De esto se trata la vida. Si quieres algo, ¡ve por él! Si necesitas algo, ¡pídelo! Si quieres estar con alguien, ¡acércate! Lo que quieres no va a tocar a tu puerta. Hay que saber conseguirlo.  Aprópiate de tu vida y sus oportunidades, haz lo que dependa de ti. La respuesta está en tu actitud.

En ocasiones cuando queremos algo, no nos acercamos o no lo pedimos por miedo a que nos lo nieguen. El miedo a ser rechazadx, expuestx, o simplemente a perder, nos paraliza. Muchas veces dejamos pasar oportunidades por detenernos ante estos temores, sin darnos cuenta de que si no actuamos, igualmente las perderemos.

Y claro, es que, aunque hagamos todo lo que está en nuestras manos,  sabemos que no siempre vamos a obtener lo que deseamos. Muchas de las veces no lograremos nuestro objetivo y eso será causa de sufrimiento, enojo, frustración y una importante sensación de fracaso. Hay muchos factores que pueden impedir que alcancemos lo que queremos, sin embargo, mi propuesta es que eso no te detenga, que cambies tu perspectiva: concéntrate en tu actitud.

¡Si te atreves, ya ganaste!

Cuando vas por lo que quieres, cuando sigues ese impulso ambicioso, valiente y seguro, el resultado sólo es la cereza del pastel.

Ir por lo que quieres te hará sentirte fuerte, valiente y poderosx. Te hace dueñx de ti mismx, de tus necesidades y de tus propios intentos para satisfacerlas. Te hace sentirte exitosx por haber actuado en concordancia contigo mismx, y eso no depende de nadie más. Alimentarás tu fuerza, la siguiente vez que vayas por algo que quieres, notarás la diferencia.

Todxs tenemos una parte de nosotrxs mismxs invulnerable: la capacidad de elegir cómo comportarnos y hacerlo de forma en que nos sintamos orgullosxs de quien somos, esto es la autodeterminación.

Si basamos nuestra felicidad en el éxito que hemos conseguido o en una buena racha, ponemos nuestra autoestima en suelo frágil. Por el contrario, cuando nuestra felicidad es resultado del orgullo de ser quien somos y en la satisfacción de ser congruentes alineando quien somos, lo que deseamos y lo que hacemos para lograrlo, entonces sí estamos hablando de autodeterminación, uno de los pilares de la autoestima y del empoderamiento.

Quizá no consigas lo que deseas, pero la fuerza que obtendrás por luchar por lo que quieres superará tu frustración. Piénsalo…»el no, ya lo tienes”.

 

Tatiana Yedid

Febrero, 2018

(Inspirado en video de Fred Kofman, “Cómo estar orgulloso de uno mismo”)

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¿Inviertes en tus relaciones o las explotas?

Todas las relaciones humanas son una inversión. Se basan en nuestra conveniencia, es decir, estamos motivados a participar en cada uno de nuestros vínculos porque buscamos obtener alguna ganancia o beneficio.

Para muchos, verlo así es sinónimo de egoísmo, palabra tanto o más estigmatizada que conveniencia utilizada anteriormente. Sin embargo, no tenerlo presente nos catapulta hacia la hipocresía y la negación de la realidad.

Todos usamos a nuestros maestros, a los hijos, a las parejas, a los padres y hasta a los amigos. De todos ellos obtenemos beneficios. Por el contrario, las relaciones de las que no obtengo ganancias, -o dejo de recibirlas- (algunas concretas y tangibles, otras emocionales y muchas veces hasta inconscientes), normalmente no se sostienen en el tiempo.

Hasta la acción más altruista tiene ganancias para ambas partes, aunque el beneficio intangible del benefactor normalmente pase desapercibido. Esto no quiere decir que tenga intenciones ocultas; no hay que confundir conveniencia con manipulación. Simplemente significa que, si no recibiera algo a cambio, probablemente ni siquiera estaría motivada a participar.

Evaluando nuestras relaciones

Revisar qué obtenemos en cada uno de nuestros vínculos nos permite mapear necesidades, prioridades, y tener más presentes las motivaciones de nuestras elecciones. A primera vista, esto puede parecernos una mirada mercantilista de las relaciones, sin embargo, puede iniciar un diálogo con nosotros mismos y con nuestros afectos, que nos ayude a aprender de nosotros y a conocer lo que le aportamos a la vida de los demás. Así, estaremos trabajando en quitarle ladrillos a la construcción del amor romántico, y a vincularnos de manera más clara y honesta.

La intención es asegurarnos de que cada uno de nuestros afectos sea una inversión positiva, benéfica y cuidadosa conmigo y con las otras personas. Para ello hay que saber diferenciar el “uso” o beneficio que obtengo de mis relaciones, de las posibles situaciones de “abuso”.

Uso o abuso

El que usa obtiene un beneficio A PARTIR DE otro, o CON el otro, mientras el que abusa lo hace A COSTA de este. Es decir, usar no provoca daño a ninguna de las partes involucradas (pensemos en un maestro que ofrece su conocimiento y los alumnos que se benefician de él). En cambio, abusar implica un maltrato, a veces intencional y otras simplemente un trato desconsiderado, de una de las partes hacia la otra.

¿Qué pasaría si usáramos este criterio para filtrar nuestros vínculos y acciones? ¿Nos podría ayudar a cuidar, valorar y a apreciar más a nuestros afectos estableciendo así relaciones más éticas?

Te pregunto… ¿tú usas o abusas?, ¿inviertes o explotas?