Jerarquía o prioridad

Las relaciones jerárquicas son un tema de mucha discusión, generalmente me encuentro personas que me dicen que la jerarquía es lo mismo que la priorización, por eso me pareció importante abordar este tema en el blog ya que considero que jerarquía y prioridad no son lo mismo.

Para los que empiezan a entender un poco de las posibilidades del poliamor, decimos que una relación jerárquica es aquella donde hay un vínculo principal o primario, y otros vínculos considerados no-principales o secundarios. ¿Cuál es el criterio para clasificar a la relación primaria o secundaria? Justo esa pregunta es el punto central de la discusión, pero tenemos que ponernos de acuerdo en lo que significa prioridad y lo que significa jerarquía.

Muchos deben remontar su memoria a los primeros años que nos pedía clasificar, ordenar y usaban indiscriminadamente las palabras priorizar y jerarquizar, incluso te viene a la mente un orden numérico: primario después secundario, ¿lo ves? Pero etimológicamente son dos cosas distintas.

Jerarquía, si es una palabra que comparte su raíz con jerarca, está compuesta de “hieros” que es divino y “arkhei” que es orden o gobierno. En efecto una palabra que se pensaba usar cuando nos referíamos a ordenar pero con un criterio, un criterio de divinidad, o de importancia, o de relevancia. En especial nos remonta a las estructuras jerárquicas de la monarquía, de la religión, y de cualquier otra organización con cierto nivel de poder. Priorizar por otro lado viene de “prior” que significa “anterior” y simplemente se refiere a ordenar.

Para muchos, el criterio de jerarquización no es problema, puede ser el tiempo de la relación, o los proyectos en común como cohabitar o compartir finanzas, la crianza, todas estas actividades pueden darte una sensación real de importancia entre las otras relaciones, pero es real o ético que una relación sea más importante que otra, o piénsalo así, ¿Hay personas más importantes que otras?

En el libro “More than two” de Franklin Veux y Eve Rickert pensé encontrar el origen de la confusión entre jerarquía y prioridad, pero para mi sorpresa no fue así, este es uno de los primeros libros enfocados a relaciones no-monógamas y ya planteaban que una relación jerárquica tiene una estructura de poder, se goza de poder de veto y se tiene subordinación. Se cuestionan en el libro incluso la ética de un modelo de poder. Entonces creo que puedo decir que si hablamos de jerarquía podemos ser transparentes y aceptar que estamos manejando un criterio de importancia o poder.

Yo no me siento cómodo con clasificar personas y su importancia, dado que a esta pregunta siempre respondo que todos son importantes en mi vida, de una manera tan particular que no puedo tener un criterio, pero en mi vida si hay un proceso de priorización constante e incluso intuitivo. Cada día voy haciendo tareas en un orden de priorización mental, desde que destino tiempo a trabajar, tiempo al descanso, tiempo para mí, tiempo para mis hijos y por supuesto tiempo para mis relaciones afectivas.

El orden es teórico y el motivador solo es mi voluntad, por ejemplo mis ganas de ver a alguien. Voy haciendo rendir cada hora de mi vida en búsqueda de un equilibrio entre mi voluntad, la realidad y las necesidades de mis afectos, hay días incluso que me veo forzado a cambiar la prioridad, una urgencia laboral, una enfermedad, un evento externo, pueden cambiar toda la logística y forzarme a repriorizar pero en ninguno de esos casos estoy pensando en un criterio de importancia de las personas.

Tener una relación jerárquica no es intrínsecamente malo, un modelo de valores puede hacer esta estructura ética, también puede ser una fase típica de las relaciones que se abren y se ven en la incertidumbre, la inseguridad de perder sus garantías, eso es entendible, pero parafraseando a Franklin Veux, si la inseguridad te obliga a construir jerarquías y reglas para no perder a tu pareja, ¿Cuál es tu verdadero nivel de confianza en esta persona? ¿o en ti?

Priorizar tampoco está exento de necesitar un marco de valores, como decía hay un equilibrio muy frágil entre el tiempo disponible, el número de parejas y los compromisos, los ejemplos de priorizar mal saltan a la vista cuando empiezas a descuidar el tiempo contigo o cuando hay tensión con tus afectos respecto a sus necesidades.

Pensemos de manera práctica, una de tus parejas con la que cohabitas ha enfermado repentinamente y necesita cuidados, puedes cuidarlo porque es la persona más importante según las jerarquías que acordaron, es la principal, o tienen un acuerdo explícito que si se enferma tú debes atenderlo. O puedes priorizar ayudarlo en su cuidado, modificar tu agenda para tener tiempo disponible y asegurarte de su salud porque a ti te importa, sin necesidad de un acuerdo, desde tu libertad de elegir, decides cuidarlo; entonces negocias este tiempo y ya después compensaras con las actividades que dejas de hacer. El resultado posiblemente es el mismo, pero la manera en que decidiste fue totalmente diferente.

Incluso priorizar te regresa al tema de la responsabilidad, te pone del lado de la decisión constante, y salvo las cosas que están fuera de nuestro control, nos quita el pretexto de que operamos bajo una regla para ponernos del lado de los hechos, si alguien es importante para ti, los hechos lo demostrarán y no los acuerdos, lo que me parece divino. Para los hedonistas esto es parte del “régimen de placer”, ver a nuestros seres queridos produce placer y vale la pena procurarlo.

Un tema muy interesante que vale la pena discutir en otra ocasión.  ¿Tú priorizas o creas jerarquías?

@isaidvblog

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Los celos y sus disfraces

Los celos son considerados una respuesta emocional ante la amenaza de perder algo que se considera propio. Si nos detenemos un minuto en esta definición, encontraremos que en ella se asoma una de las raíces del problema: la idea de que una persona puede ser de nuestra propiedad. Desafortunadamente, no bastaría cambiar la definición. Esta se sustenta en todo un sistema ideológico que promueve el control, la dependencia y la violencia en las relaciones interpersonales.

Sus mecanismos

Los celos surgen de nuestro concepto de amor y de nuestras inseguridades personales que disparan actitudes hipervigilantes, temerosas, hostiles o hipercríticas. Los celos favorecen la manipulación y el control para reafirmar el dominio o la autoridad sobre el otro mediante inspecciones reiteradas de su comportamiento. Si “tú eres mío”, me siento con el poder de determinarte, o sea, con el poder de decirte que debes o no hacer. Eso es control.  Todas estas conductas violentas se han normalizado e invisibilizado.

Lxs celosxs tienen la intención de retener a alguien para preservar el vínculo, pero en realidad lo merman y lo destruyen. Es una forma de autoengaño que nos impide hacer consciencia de nuestras inseguridades, escondiéndolas en nuestras dinámicas relacionales. Los celos son lo opuesto al amor, pero hemos encontrado muchas maneras de disfrazarlos.

Los celos y sus disfraces

En la pareja, los celos se disfrazan de AMOR. Muchos de nosotros asociamos la idea de sentir celos con ser importantes para el otro. ¿Cuántas veces hemos escuchado frases como “si no te cela, no te quiere”, “no te vayas porque te necesito”? También otras basadas en el control como “no puedo vivir sin ti”, “si te vas me muero”, “eres todo para mí”. Si nos damos una vuelta por la zona de tarjetas de celebración de cualquier tienda, encontremos muchas de ellas con es ideas, promoviendo los celos, el control y la dependencia, confundiéndolas con amor.

Pero ¿no preferirías convivir con una persona que puede vivir sin ti pero que decide compartirse contigo? ¿No te sentirías más libre sabiendo que la vida de tu pareja no depende de ti? ¿No te sentirías aliviadx sabiendo que no es tu responsabilidad completarlx ni “hacerlx feliz”?

En el trabajo, los celos y el control se disfrazan de DEDICACIÓN. Estas personas se vuelven trabajadorxs de tiempo completo porque no se sienten cómodxs delegando trabajo, no saben trabajar en equipo y es difícil que reconozcan los logros ajenos. El control los hace sentirse responsables de todo, y realizarlo ellxs mismxs es la única forma de lograr que salga exactamente como se lo imaginaron. Una persona celosa y controladora establece relaciones de competencia con el resto de sus colaboradorxs y no deja pasar la oportunidad de ser felicitadx por su esmero.

Pero ¿no preferirías sentirte menos presionado por el trabajo y que formas parte de un grupo donde, “entre todxs” podrán lograr los objetivos colaborando? ¿No te gustaría vivir con menos exigencia y perfeccionismo, aumentando tu confianza personal?

El control y los celos con los hijxs se disfrazan de SOBREPROTECCIÓN. No permitir que los hijxs crezcan, que resuelvan los retos cotidianos acordes a su edad, evitarles cualquier frustración y resolverles la vida son todos síntomas de sobreprotección. Esta conducta tiene que ver con las inseguridades, miedos y necesidades inconscientes de los padres que los llevan a prolongar la dependencia de los hijxs. Cuando estos padres perciben la amenaza de que alguien se interponga (tíxs, maestrxs, terapeutas, o una pareja), normalmente reaccionan con celos, puesto que también los hijxs son percibidos como una propiedad.

¿No te gustaría hacerte cargo de tus necesidades sin requerir de tus hijxs para compensarlas? ¿Te gustaría que tus hijxs fueran adultos responsables e independientes?

Con amigxs y entre hermanxs los celos se disfrazan de COMPETENCIA. Entre hermanxs es común que se establezca una relación de celos por el amor de los padres. Si viviéramos pensando que el amor no se reparte ni se divide entre las personas de nuestra vida, sino que se multiplica, entonces podríamos transmitirle a lxs niños esta misma noción de amor. Si pudiéramos modelarles vínculos que no están ahí para completarnos sino para acompañarnos, que cada quién es responsable de su cuidado y de su felicidad, y que nadie tiene la obligación ni la responsabilidad de completarnos, quizá podríamos establecer relaciones diferentes.

En el caso de amigxs ocurre lo mismo, cada relación de amistad es única e irrepetible. Lo que compartimos con una persona es totalmente diferente a lo que la otra nos aporta. Hasta que no comprendamos esto no podremos vivir en sororidad, libre de celos, control y competencia.

Y tú, ¿de qué disfrazas tus celos?

Tatiana Yedid y Marisol Dacasa De la Lanza

Marzo, 2018

 

Referencias adicionales:
Etxebarria, L. (2016). Más peligroso es no amar. Poliamor y otras formas de relación sexual y amorosa en la actualidad. España: Aguilar

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¡¿NINFÓMANA?!

El sabía lo que yo opinaba de la ninfomanía: que era una forma de estigmatizar a las mujeres a través de su vida sexual acusándolas de compulsivas y promiscuas. Aun así, después de años de conocernos, me planteó LA pregunta:

¿No crees que … no podría ser que … no serás n-i-n-f-ó-m-a-n-a?

Me quedé paralizada sin entender lo que acababa de escuchar, como cuando recibes un balonazo y no sabes qué pasó ni de dónde llegó el golpe. Tan pronto pude reaccionar, mi mente se inundó de preguntas.

¿De qué me está hablando? ¿Me conoce realmente? ¿Dónde ha estado las veces que he compartido mi intimidad con él? ¿Qué detalles imaginará? ¿Entenderá lo que tantas veces hemos hablado? ¿Qué cree que han significado nuestros encuentros? ¡¿A quién tengo enfrente?!

Al poco tiempo, las preguntas que me taladraban la cabeza cambiaron su curso. ¿Cómo era posible que él me cuestionara así? Él, que comparte la sexualidad conmigo, que sabe hasta de la vida sexual que no compartimos, que tantas veces ha sido mi confidente y con quien pacté un vínculo de no exclusividad hace tanto tiempo. Él, con quien he compartido mis búsquedas, mis experiencias, mis reflexiones y conclusiones. Él, quien yo creía que vivía la sexualidad igual que yo.

Quizá no me había dado cuenta de cuántas cosas se mueven en un hombre ante la sexualidad femenina, o no medí el impacto de la libertad sexual ¿Habría perdido de vista que, a pesar de ser distinto, sigue siendo un hombre en un mundo donde las mujeres recatadas es lo deseable y donde cualquier mujer que viva y exprese su sexualidad de otra manera es considerada pervertida, enferma, u obsesiva? Probablemente no me había dado cuenta de cómo mi sexualidad amenaza, y de las tantas maniobras de las que pueden echar mano, hombres y mujeres, para regresar a alguien al redil.

Y pensaba: No, no me considero ninfómana. Soy una mujer que vive y decide su vida sexual de manera autónoma, batallando contra juicios y prejuicios. Soy una mujer que goza de su cuerpo y del placer que le proporciona. Una mujer adulta que decide libremente con quién comparte su cuerpo y su deseo. No miento, no engaño, no confundo. No participo en los juegos tradicionales del cazador y su presa. Cuando una persona me atrae, se lo digo abiertamente y mi cuerpo da los siguientes pasos. Soy una mujer que toma iniciativa. Sé lo que quiero, encontrarlo o pedirlo. Sé decir no y no dependo de otro para que lo haga por mí. Mi sexualidad no pasa por el compromiso o la conveniencia. Soy una mujer que busca su propio placer y el de las personas con las que se relaciona. No he tenido una única pareja sexual y eso no me hace promiscua. Mis elecciones nunca son irresponsables, impulsivas, descuidadas, peligrosas o “histéricas”. La libertad, el amor, el placer, la responsabilidad y la honestidad son la base de todas mis relaciones, sean o no sexuales.

No. Definitivamente no me considero ninfómana, me considero libre. Libre en todos esos sentidos y más.

Sus dudas surgieron de la ignorancia, del control, o del miedo, no lo sé. Pero no dejo de cuestionarme… ¿si fuera hombre, alguien me haría la misma pregunta?

Tatiana Yedid Lastra
Noviembre, 2017

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Honestidad no es transparencia

La palabra honestidad proviene del latín honestitas que quiere decir honor, dignidad o consideración. Significa armonizar las palabras con los hechos; es buscar la congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

Su contraparte es la deshonestidad, palabra relacionada con la mentira y la trampa. Es recurrir al engaño para conseguir de manera abusiva un beneficio. Significa no sólo no decir la verdad, sino estar conscientes de que lo estamos haciendo porque deseamos alcanzar un objetivo que pensamos que no se alcanzará de otra manera.

En otras palabras, la honestidad tiene que ver con ser honrado en las palabras, en la intención y en los actos. Ser honesto es decir la verdad, obrar en forma recta y clara, pero eso no significa tener decirlo todo: a menudo confundimos honestidad con transparencia.

Transparencia

La transparencia es una conducta que actualmente se promueve dentro de los vínculos afectivos como si fuera un valor en sí mismo. Se vive como la obligación de compartir, discutir y hablarlo todo con nuestra(s) pareja(s). Es una compulsión por hablar y compartir que llevamos a cabo de manera casi automática sin cuestionar su validez y sin reflexionar acerca de su conveniencia personal y/o relacional.

La privacidad

La transparencia, más que un dialogo constructivo parece una confesión. Se relaciona más con el control que con el amor y la cercanía. Compartirlo todo sin filtros erradica lo privado, personal e íntimo. La transparencia limita el derecho, la necesidad y el privilegio humano de tener una vida pública, una privada y otra, más íntima e individual. Esta conducta somete y subyuga nuestra privacidad.

Por si fuera poco, nuestros vínculos afectivos se nutren de nuestras diferencias, de los mundos independientes de cada uno de sus miembros. Cuando los mundos personales se reducen a favor de lo compartido, al poco tiempo el sistema carece de renovación, vigor, misterio y novedad. El riesgo es la pérdida de la identidad, situación bastante común en las parejas fusionales de la actualidad.

Poniendo ejemplos

Supongamos que salgo con mis amigxs y hablamos de la vida íntima de cada unx de nosotrxs. Posteriormente mi pareja me pregunta acerca de la plática.  Desde la transparencia, me vería obligada a contarle todo, a pesar de faltar al acuerdo de confidencialidad, lealtad y cuidado que tengo con mis amigxs. Desde la deshonestidad, contestaría que nada importante, que sólo pasamos un buen rato. Desde la honestidad bien entendida, contestaría que hablamos de temas personales sin necesidad de entrar en detalles que traicione ninguno de mis vínculos, incluido el de pareja.

Otro buen ejemplo puede ser nuestra vida sexual. Aun en las parejas tradicionales (léase monogámicas y exclusivas) se comparte una vida sexual común y una vida sexual personal e íntima sobre la que cada uno de nosotros decide el grado de privacidad, los temas y el momento en el que conviene compartirlo o no. Desafortunadamente a muchos se nos olvida que contamos con esa libertad.

Llevándolo a la práctica

  1. Analiza de manera individual las áreas de tu vida en las que te gustaría incorporar cierto grado de privacidad, los motivos y los beneficios que podría aportar de manera personal y al vínculo. Responde a las siguientes preguntas: ¿Qué actividades, tareas, tiempos, espacios quiero mantener privados e independientes a la relación?, ¿Qué conversaciones e información me gustaría mantener para mí?, ¿Cuándo y en qué circunstancias necesitaría hablar sobre ello y cuándo no?
  2. Coméntalo con tu(s) pareja(s). Intercambien sus necesidades.
  3. Traten de llegar a acuerdos con respecto al grado de privacidad que cada uno requiere.
  4. Revisa tus acuerdos de manera periódica y adáptalos a las necesidades cambiantes de cada vínculo.
  5. Será decisión de cada unx qué y cuándo se comparte información acerca de las áreas privadas. Esto implica necesariamente, asumir la responsabilidad de lo que se comparte y de lo que no.
  6. Recuerda que las áreas privadas no pueden transgredir los acuerdos, de otra forma ya no estamos hablando de privacidad sino de deshonestidad.

Conclusión

En temas de honestidad, es importante tener un ojo puesto en el cuidado de la relación y el otro dirigido al bienestar personal; un pie en la verdad y otro en el derecho a la intimidad. En pocas palabras, es el compromiso personal de equilibrar, de una manera totalmente personal, única y cambiante, nuestro mundo íntimo y el compartido.

 

Tatiana Yedid

Marzo, 2018

(Gracias Nilda Chiaraviglio por tu guía e inspiración)

 

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No monogamia consensual para principantes

Introducción

      Si escuchaste el término “no monogamia consensual” y no tienes idea de a qué se refiere, estás en el lugar adecuado. En este artículo presento una explicación al respecto para que puedas entender mejor de qué se trata y para ayudarte a decidir si es algo apropiado para ti.

Monogamia

      Bueno, pues antes de hablar de “no monogamia consensual”, debemos comenzar hablando de monogamia…

¿Qué es la monogamia?

      La monogamia, vista de manera sencilla, es un acuerdo de exclusividad que se establece en una pareja cuando forman un vínculo que pretenden que sea de largo plazo.

Por acuerdo de exclusividad, la pareja muchas veces supone que, una vez que formalizan como pareja:

  • Ya no tendrán actividades sexuales con otras personas distintas de su pareja (exclusividad sexual).
  • No tendrán vínculos emocionales románticos con otras personas distintas de su pareja (exclusividad emocional).

Muchas veces las parejas en nuestra sociedad dan por hecho que las cosas deben ser así, de tal forma que este tema ni se discute. Cuando una pareja acepta formalmente que “son novios”, de forma implícita aceptan este contrato de exclusividad sexual y emocional.

En nuestra sociedad se asume en general que la monogamia está presente durante la existencia del vínculo de largo plazo, “idealmente” ese vínculo es de por vida cuando hay un matrimonio tradicional. Lo más común desde los años 70 es, sin embargo, la monogamia serial, que ocurre por ejemplo cuando una pareja se une, luego se separa y luego sus integrantes forman nuevas parejas y el ciclo se repite varias veces.

El matrimonio y la escalera eléctrica relacional

      El matrimonio como lo conocemos en occidente es un contrato avalado por la iglesia y por el estado respecto a la unión de dos personas que se aman y que se espera dure por el resto de la vida de los participantes. En general, se asume que este contrato involucra exclusividad sexual y emocional. A pesar de que podemos pensar que el matrimonio como lo conocemos hoy en día siempre ha existido, eso está muy alejado de la realidad. En su libro sobre la historia del matrimonio, Stephanie Coontz explica que no fue sino hasta el siglo XVIII que la gente comenzó a adoptar la idea radical de que la razón principal por la cual la gente debía casarse era por amor. Previo a eso, el matrimonio más bien era una alianza con propósitos económicos.

En la sociedad existe una expectativa de que una relación que inicia se convierta en un matrimonio duradero (idealmente hasta que la muerte separe a los participantes), que durante su existencia produzca una familia y, frecuentemente, resulte en la adquisición de bienes tales como una casa. Esto es lo que la autora Amy Gahran conoce como la escalera eléctrica relacional (relationship escalator), pues en el momento que uno sube en esa escalera, automáticamente lo va llevando cada vez más “arriba” en los hitos relacionales. La escalera eléctrica relacional no es un problema en si mismo, lo problemático es que mucha gente no cuestiona su existencia (simplemente piensa que así debe ser), y no elige ese camino de forma voluntaria y consciente. Por otro lado, muchas veces esperamos que las demás personas sigan ese camino y, frecuentemente, los juzgamos si deciden no hacerlo.

Una de las grandes dificultades con el matrimonio, u otra relación de largo plazo, es que el enamoramiento inicial (o amor pasional) disminuye después de un tiempo, dando lugar a un amor más enfocado al acompañamiento. Adicionalmente, después de un tiempo, es inevitable que una pareja pase de vivir únicamente momentos agradables en compañía el uno del otro a tener que vivir la rutina del día a día, especialmente cuando llegan los hijos. Por otro lado, el matrimonio en cierta forma supone que una persona puede cubrir todas nuestras necesidades, nuestra pareja debe ser nuestro amigo, nuestro amante, nuestro confidente, nuestro compañero o compañera de juego, etc… lo cual realmente pone demandas fuertes sobre una sola persona.

¿Es “natural” la monogamia?

      Existen largos debates sobre si la monogamia es “natural” o no en los seres humanos, entendiendo aquí que la palabra natural se refiere a algo que es intrínseco a nosotros, es decir, que traemos cableado en nuestros cerebros como resultado de la evolución. Hay que saber que en la naturaleza, existen muy pocas especies realmente monógamas y ninguna de ellas es cercana al ser humano.

Para Christopher Ryan y Cacilda Jetha, autores del libro “Sex at Dawn”, los humanos tenemos una naturaleza “promiscua” que fue reprimida al momento en que se inventó la agricultura. De acuerdo a ellos, antes de la invención de la agricultura vivíamos de forma similar a la de los bonobos (chimpancés pigmeos muy cercanos a los humanos), en grupos donde las mujeres tenían sexo con múltiples hombres y no existía certidumbre sobre la paternidad de los hijos, lo cual fomentaba la armonía y la colaboración dentro del grupo. La llegada de la agricultura y la propiedad privada resultaron en el esquema convencional de pareja exclusiva que conocemos en la actualidad.

En el libro “Anatomy of Love”, Helen Fisher hace un análisis extenso de diversas características de los humanos y concluye que somos, y hemos sido (desde antes de la invención de la agricultura, y aquí es donde choca con Ryan y Jetha), una “especie que forma vínculos de pareja con propensión a la infidelidad“. De acuerdo a Fisher, el vínculo de pareja es importante pues da certidumbre sobre la paternidad y aumenta las probabilidades de que sobrevivan los niños, sin embargo, ella observa que estos vínculos de pareja en general tienden a romperse alrededor del cuarto año, que es el periodo que se requiere para que un niño deje de ser tan indefenso, lo cual resulta en un esquema de vínculos de pareja seriales. Por otro lado, aún durante el periodo en que existe el vínculo de pareja, somos “propensos a la infidelidad”, lo cual hace pensar que ni siquiera durante ese tiempo la exclusividad es algo que se pueda garantizar.

Aunque Fisher y Ryan / Jetha tienen puntos de vista distintos, ambos coinciden en el hecho de que la monogamia, especialmente de por vida, no es natural en los seres humanos.

Mark Michaels y Patricia Johnson, autores del libro “Designer Relationships” consideran que tratar de responder a la pregunta ¿Es natural la monogamia? es poco provechoso. Sugieren, en vez de ello, tratar de responder uno mismo a la pregunta ¿es adecuada para mí la monogamia?

Te invito a que reflexiones unos momentos sobre tu propia respuesta a esa pregunta antes de continuar leyendo…

La infidelidad

      La infidelidad es probablemente el esquema más común de no monogamia, sin embargo, se trata de no monogamia no consensual, ya que no todos los participantes están de acuerdo en que existan vínculos fuera de la pareja.

No existe una definición única de lo que es la infidelidad, pero de acuerdo a Esther Perel que es una de las expertas mundiales en la materia, la infidelidad tiene que ver con el rompimiento de un contrato entre dos individuos. El problema es que ese contrato muchas veces no es explícito y las parejas rara vez se sientan a discutir qué significa la infidelidad en su contexto particular. Perel dice que la infidelidad en general involucra ya sea un contacto de naturaleza sexual y/o un vínculo emocional con otra persona fuera de la pareja y esto de forma secreta.

En general, las parejas que han establecido un vínculo que involucra exclusividad creen tener una idea más o menos clara de qué es la infidelidad y la mayoría piensa que actos como el tener sexo con otra persona representan sin lugar a dudas un engaño. En la época en que vivimos actualmente, las cosas se han vuelto mucho más difusas por el fácil acceso que tenemos a contactar a otras personas mediante las redes sociales. De esta forma ocurren situaciones que uno podría debatir si son infidelidad o no, por ejemplo, escribir a una ex pareja un mensaje cariñoso sin que la actual pareja lo sepa ¿es una infidelidad? En realidad, cada pareja debería sentarse a definir qué es la infidelidad en su contexto. Si tú estás en una pareja monógama y no has realizado este ejercicio, te invito a que lo intentes. Al inicio puede ser un poco incómodo, pero puede resultar de mucha utilidad hacer el esfuerzo de realizarlo.

Las cifras respecto a la infidelidad son variables, aunque en general son altas tanto para hombres como para mujeres. Esther Perel menciona que cuando ella pregunta a la audiencia de sus conferencias ¿quién se ha visto afectado directamente o conoce a alguien cercano que ha sido afectado directamente por la infidelidad?, la mayor parte de la audiencia alza la mano. Perel observa que la infidelidad no es un fenómeno exclusivo de parejas con problemas, pues ocurre frecuentemente en parejas que afirman estar felices. La mayor parte de los lectores probablemente coincidirán con que la infidelidad es un fenómeno muy común en nuestra sociedad.

El mayor problema con la infidelidad es que implica deshonestidad y, cuando se descubre, resulta en una situación muy traumática, especialmente para la persona que no está enterada de que su pareja tiene vínculos con una persona distinta. Esto frecuentemente resulta en la disolución de la pareja y puede llegar a tener consecuencias mucho más severas.

No monogamia consensual

monogamy

“Monogamia, no estoy casado con esa idea.”

      La no monogamia consensual se refiere a un acuerdo mutuo de los miembros de una pareja de no tener exclusividad. Este acuerdo puede resultar a raíz de que los miembros de la pareja aceptan que la monogamia no es algo adecuado para ellos y, en ocasiones, ocurre en parejas que deciden recuperarse de una infidelidad y buscan evitar que se repita el trauma vivido anteriormente.

La parte del acuerdo mutuo de no exclusividad es lo que la hace consensual. La no exclusividad puede, sin embargo ocurrir a distintos niveles:

  • No exclusividad sexual: los miembros de la pareja aceptan que pueden tener contacto sexual con otras personas, pero la pareja sigue siendo una unidad indivisible.
  • No exclusividad emocional: los miembros de la pareja aceptan que pueden tener contacto sexual y/o involucrarse emocionalmente de forma romántica con otras personas, mientras que la pareja sigue teniendo un lugar preponderante.
  • No exclusividad social: los miembros de la pareja aceptan no sólo la no exclusividad emocional y/o sexual, sino que deciden que las otras personas con las que se involucran pueden ocupar un nivel equivalente al de la pareja original.

A diferencia de la infidelidad, en la no monogamia consensual todos los participantes están enterados de los distintos vínculos que existen y están de acuerdo al respecto de su existencia. Por lo tanto, la honestidad y la ética son fundamentales en este tipo de relaciones. Otro aspecto fundamental es el concepto de equidad, esto es que ambas personas dentro de una pareja deben tener las mismas libertades para relacionarse con otras personas (lo cual lo diferencia de la poligamia).

Algunos modelos relacionales alternativos

      Existen distintas maneras de relacionarse de manera no monogama consensual, a continuación presento algunas de las más conocidas.

Swinger

      El estilo de vida swinger involucra generalmente no exclusividad a nivel sexual. Esta es una práctica consiste en que una pareja conoce a otras parejas y realiza intercambios sexuales entre sus miembros con fines principalmente recreativos. El intercambio puede ser de tipo “soft swap”, que no involucra penetración, o “full swap”, que sí involucra penetración y que muchas veces se hace con las dos parejas en la misma habitación, siempre enfatizando prácticas de sexo seguro. En el estilo de vida swinger en general no es obligatorio crear un vínculo afectivo con los miembros de la otra pareja, aunque puede suceder que se desarrollen muy buenas amistades entre parejas y que nazcan sentimientos de cariño entre ellos. Los swingers generalmente frecuentan clubs que están acondicionados especialmente para propiciar que las parejas se conozcan y realicen actividades eróticas, para ello cuentan con cuartos llamados playrooms que generalmente tienen camas o muebles para tal propósito. En los clubs swinger la vestimenta (sobre todo de las mujeres) tiende a ser muy sexy y los swinger acostumbran mantener el vello púbico muy aliñado. En el estilo de vida swinger, la bisexualidad femenina es aceptada y hasta bienvenida pero la bisexualidad masculina es algo tabú. Existen personas solitarias (o singles), principalmente masculinos, que participan dentro del estilo de vida. Los clubs muchas veces aceptan únicamente a parejas y mujeres solas, pero en algunas ocasiones permiten también la entrada a los singles o tienen noches temáticas en donde se realizan prácticas tales como el gangbang. Los swingers también se conocen mediante páginas tales como SwingLiving o SDC. Existen hoteles enfocados a este público como el famoso Desire en la Riviera Maya. La entrada a los clubes, la inscripción a los sitios y la estancia en hoteles dedicados no es económica.

Este estilo relacional puede ser un buen punto de partida para comenzar  a explorar la no monogamia consensual. Una pareja que busca abrir su relación puede ir a un club swinger sin tener que realizar intercambio. Algo que puede resultar complicado es lograr que haya química entre los miembros de ambas parejas. Hay que reconocer que la primera vez que se realiza un intercambio completo puede ser una experiencia difícil de vivir, sin embargo el estar juntos en la misma habitación puede resultar más cómodo para algunas personas, y el ver a la pareja teniendo sexo con otra persona puede también resultar muy excitante. Por otro lado puede ser un poco complicado para algunas personas tener sexo con gente que apenas conoce.

Si quieres aprender más al respecto, el sitio “Jardín de Adultos” tiene mucha información respecto al estilo de vida en la ciudad de México: http://jardindeadultos.blogspot.mx/

Casimonógamo (monogamish)

      El término “monogamish”, que se podría traducir como casimonógamo fue acuñado por Dan Savage, el reconocido autor norteamericano de una columna de consejos sobre relaciones, y se refiere a una pareja que acuerda tener contacto sexual con terceros de forma ocasional aunque a diferencia del modelo swinger, este contacto no requiere de la presencia de la pareja y se lleva a cabo de forma individual, aunque la pareja sigue siendo una unidad fundamental. En este modelo en general se asume generalmente la exclusividad a nivel emocional dentro de la pareja y la no exclusividad a nivel sexual. Las parejas casimonógamas pueden decidir contarse respecto a sus aventuras con terceros o bien, pueden optar por un esquema de no pregunto, no cuento. Algunas personas usan el término relación abierta para referirse a este modelo relacional, pero yo no lo uso así pues en lo personal pienso que relación abierta abarca todos los modelos de relación no monógama consensual.

Poliamor

      En el poliamor, las personas tienen la posibilidad de involucrarse en más de una relación íntima significativa al mismo tiempo, con el pleno conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. A diferencia del Swinger, el poliamor no es una actividad de pareja, aunque es muy común que parejas que inician en el poliamor busquen (generalmente a) una mujer para formar una trieja cerrada, lo cual es muy complicado y tiende a ser injusto para la persona que se integra con la pareja. Dado lo difícil que es encontrar a este tipo de mujeres, se les conoce como unicornios. Considerando que el poliamor involucra no exclusividad a nivel sexual ni emocional, puede resultar más complicado de llevar que los modelos anteriores. Cabe señalar que es posible establecer relaciones poliamorosas que no involucren sexo. Es necesario tener gran cantidad de negociaciones con la pareja para establecer acuerdos que permitan que otras relaciones tengan lugar. Existen distintas variantes de poliamor, aunque una bastante común el poliamor jerárquico. Esta variante está centrada en la pareja e involucra no exclusividad a niveles sexual y emocional. En esta variante se habla de una pareja “principal” o “de nido” que es con quien se vive y se tienen hijos, por ejemplo, y de parejas “secundarias” o “no de nido” con quienes no se tiene un mismo nivel de entretejido de vida. Por otro lado, el poliamor no jerárquico busca que no exista una diferenciación entre las parejas, es decir, busca la no exclusividad a nivel social. Por último, la polifidelidad es una relación múltiple pero cerrada donde los distintos miembros acuerdan no relacionarse fuera del grupo (esto último sería algo como un tipo de monogamia extendida).

Polyheart

Corazón infinito, símbolo del poliamor.

El poliamor puede llegar a ser muy satisfactorio ya que permite crear vínculos emocionales muy profundos con distintas personas. Uno de los aspectos fundamentales para llevar a cabo el poliamor de forma ética es entender que las personas están poniendo sus sentimientos en juego, por lo que se debe asumir la responsabilidad de no herir a nadie.

Si deseas aprender más al respecto del poliamor y conocer gente que se mueve en ese medio, puedes unirte a un grupo de facebook como Poliamores Ciudad de México o  Poliamor Valle de México.

Relaciones a la medida y Anarquía relacional

      En el libro “Designer  Relationships”, los autores Mark Michaels y Patricia Johnson promueven una filosofía de crear relaciones a la medida. Una relación a la medida es cualquier relación en la cual las partes se sientan a discutir abiertamente lo que cada uno de ellos quiere respecto a la relación y de qué manera debería evolucionar la relación con el tiempo. Dos aspectos fundamentales de las relaciones a la medida son la consciencia y el consentimiento (honestidad). El enfoque de relaciones a la medida permite a una persona tener una o varias relaciones pudiendo éstas ser de tipos distintos. Por ejemplo: una persona puede tener simultáneamente relaciones poliamorosas pero también ser swinger y tener sexo casual.

La anarquía relacional es otra filosofía similar a la de relaciones a la medida, con la diferencia de que la idea de jerarquía es rechazada y cada relación es vista con un valor intrínseco, independientemente de si en ella hay sexo, romance, entretejido de vida, lazos de sangre o matrimonio.

Abriendo la relación

      Si estás en una relación y ambos han aceptado que la monogamia no es lo suyo pueden decidir abrir la relación. Esta decisión es complicada pues en general involucra romper con muchos esquemas de pensamiento establecidos que nos han inculcado. Otra gran dificultad involucra enfrentar los celos, que tienen que ver con el miedo a perder aquello que consideramos propio. Es importante entender que en general los celos no desaparecen, pero uno puede (y debe) aprender a controlar las reacciones que tiene cuando se presentan.

Existen muchos caminos para abrir la relación, y no es obligatorio tener una escalera eléctrica relacional de las relaciones abiertas, es decir, no es obligatorio cubrir todos los niveles de no exclusividad ni pasar por todos los modelos relacionales que describí anteriormente. También vale la pena señalar que no es obligatorio que ambos miembros de la pareja se relacionen de la misma manera con otras personas, una persona podría decidir por ejemplo tener relaciones poliamorosas mientras la otra no. Por último, hay que estar consciente que la no monogamia consensual tiene sus dificultades. La transición hacia este paradigma generalmente no se puede realizar de manera tan abrupta, y hay que ser pacientes y cuidadosos de no herir a otras personas como parte del proceso de transición. Lo importante, al final del día, es la honestidad y el consenso.

Cualquiera que sea el modelo que adoptes al abrir tu relación, siempre debes tener en cuenta dos axiomas que plantea Franklin Veaux, el autor del reconocido libro “More than Two”, y que son una lente a través de la cual toda decisión relacional debe ser observada:

  • La gente dentro de una relación es más importante que la relación
  • No se debe tratar a las personas como si fueran cosas.

Para encontrar gente abierta a la no monogamia consensual, además de los sitios presentados previamente, es posible también hacer uso de aplicaciones de citas tales como OkCupid, que proporciona opciones para buscar gente en relaciones no monógamas. Tinder también puede servir, aunque la cantidad de perfiles que anuncian de manera explícita su apertura ante la no monogamia es muy baja.

Conclusión

      En este articulo traté de cubrir de manera general los puntos principales relacionados con la no monogamia consensual. El mensaje esencial que quiero transmitir es el siguiente:

Si bien la monogamia es una opción válida, el decidir vivir bajo ese esquema relacional debe ser una elección y no una imposición y, para aquellas personas que consideran que la monogamia no es apropiada para ellos, existen alternativas honestas para relacionarse de manera no monógama consensual.

Al momento de escribir, en México, la gente que acepta la no monogamia consensual todavía es un grupo minoritario. Basta observar que el grupo de Poliamor Valle de México consta de 1500 usuarios (Marzo 2018) para un área conurbada de más de 20 millones de habitantes. La población swinger sin duda es mayor, aunque no dispongo de cifras al respecto para poder decir su tamaño aproximado.

En un futuro, es probable que la no monogamia consensual sea cada vez más aceptada, esto porque en países como Estados Unidos está resultando así y, en general, los fenómenos que ocurren al norte de la frontera toman cierto tiempo para replicarse en nuestro país. Yo espero firmemente que la posibilidad de elegir libremente el modelo relacional más adecuado para nosotros sea algo cada vez más común en la sociedad.

Bibliografía

  • Amy Gahran, “Stepping off the Relationship Escalator: Uncommon Love and Life“, Off the Escalator Enterprises, 2017
  • Christopher Ryan y Cacilda Jetha, “Sex at Dawn, How We Mate, Why We Stray, and What It Means for Modern Relationships“, Harper Perennial, 2012
  • Esther Perel, “State of Affairs: Rethinking infidelity“, Harper, 2017
  • Franklin Veaux & Janet Hardy, “More Than Two, A Practical Guide to Ethical Polyamory“, Thorntree Press, 2014
  • Helen Fisher, “Anatomy of Love“, W. W. Norton & Company, 2016
  • Mark Michaels & Patricia Johnson, “Designer Relationships” , Cleis Press, 2015
  • Stephanie Coontz, “Marriage, a History: How Love Conquered Marriage“, Penguin Books, 2006

 

El Profe, Marzo 2018. Última revisión: 5 Septiembre 2018